Soledad en el alma,
en la lágrima que cae con un sentido inexplicable,
en la hoja que tuvo el valor de ceder,
en esos monólogos donde creemos estar acompañados,
pero el silencio es el único espectador.
Adiós a las peleas,
a las caricias fugaces,
a los golpes que resultan agradables
por ser simplemente un contacto ajeno.
Sigo anhelando el cantar de la noche a tu lado,
madrugar despidiendo a las estrellas
hasta ser abrazados por el sol.
Soy un alma libre,
pero presa dentro de mí mismo,
¿por qué somos cobardes?
¿por qué nos duele sonreír mientras
nos perdemos el uno al otro?
Cuanto nos quejamos de que estamos solos,
pero cuanto nos cuesta no caer en ello...
Jean B. Noviembre, 2018






