29 ago 2021

Mi Relación con las Artes Escénicas


En esta ocasión me gustaría manifestar una idea que viene paseándose por mi mente 
desde hace unos días, y es que se trata del momento en que nosotros los actores asumimos el compromiso de formar parte del mundo del teatro. Hay que tomar en cuenta que ante semejante decisión es necesario ser cautelosos, porque sencillamente nos estamos encaminando a cambiar nuestro estilo de vida, a partir de aquí se añadirá a nuestra lista de tareas una serie de responsabilidades ineludibles, y hago mención de este adjetivo porque lo considero propicio, ya que desde el primer día en que aceptamos mezclarnos entre actores, productores, directores, coreógrafos, diseñadores, y convivimos con el objetivo de interpretar personajes con una historia lo bastante alterna a la nuestra, rodeada de frustraciones sociales, familiares, económicas y/o políticas, es complicado dar marcha atrás. Por ende, es indispensable tener conocimiento pleno de lo que estamos haciendo y el por qué lo hacemos, ninguna acción puede nacer en vano en el escenario.

Ahora bien, durante la revisión de este documento, se encontrarán con una serie de momentos que forman parte de mi historia de vida y experiencia en el mundo del teatro, con el fin de acentuar y ratificar la decisión que tomé hace un par de años cuando opté por entregar mi corazón a la actuación. Todo esto comenzó en el año 2002, para ese entonces tenía 5 años de edad y la energía de un demente que pasaba horas viendo caricaturas en casa de mi abuela, además de esto, recuerdo que acostumbraba a jugar solo en el patio mientras mis primos estaban en la escuela. Era necesario drenar tanto contenido que consumía a diario, por lo que dedicaba tiempo a imitar y recrear cada escena de los programas que disfrutaba en la tv.

Estos instantes de diversión en solitario se convirtieron en mi pasatiempo, es más, mi familia lo tomó como un síntoma de locura, sobretodo porque acudía a ellos de lunes a domingo, claro, descansaba los días festivos u otra fecha en que disfrutaba de un viaje familiar. Lo mejor de todo es que las oportunidades comenzaron a llegar. Recuerdo que una mañana de Marzo del 2003 estaba en la guardería, cuando la profesora tomó una lista y apuntó los nombres de los estudiantes que deseaban participar en una obra de teatro que se  presentaría a finales de Julio en el acto de grado. Fue inevitable levantar la mano, las ganas de actuar recorrían todo mi cuerpo, así que comencé a asistir a los ensayos minutos después de finalizar la clase.

Llegado el 30 de Julio, el reloj marcaba las 10:00 am cuando en plena celebración me encontraba en un salón de clases junto a mis compañeros, estábamos alistándonos, repasando los papeles y evitando no sucumbir ante los nervios. A mi lado se encontraba mi madre, me apoyaba con el vestuario que confeccionamos de forma improvisada en casa, era sencillo, constaba de una camisa blanca un poco arrugada, con un delantal que rosaba mis rodillas, pantalones viejos, zapatos negros y un gorro muy característico hecho de papel que favorecía mi faceta de vendedor. Se trataba de la representación pantomímica de la famosa canción "Viejo mi querido viejo" del cantante italiano Piero. La institución honró a los padres y representantes con esta presentación. Unos instantes más tarde después de finalizar la función, recibí una serie de felicitaciones y fotos memorables que las tengo guardadas bajo llave cual tesoro como los viejos piratas. 

Luego de semejante agasajo, estuve ausente de participaciones actorales hasta la edad de 8 años, cuando en Noviembre del 2005 fui invitado a interpretar el papel del Ángel Gabriel en el nacimiento viviente de la comunidad donde resido. Este personaje estuvo conmigo por cuatro años seguidos, y en cada diciembre me esmeraba en caracterizarlo con esa esencia celestial y eclesiástica que el espectador espera encontrar, hasta que en el 2009 me retiré por motivos de edad y otro niño asumió dicho papel.

Durante mi época de bachillerato me negaba a ubicar espacios que brindaran clases de teatro por razones de inseguridad personal, sin embargo, el amor por las artes siempre estaba presente, sobretodo porque era fanático de los musicales de cine y televisión, ellos me servían de ancla e inspiración. A mis 14 años, en el Noviembre del 2011, conocí a una chica y en pocos minutos nos hicimos grandes amigos, ambos compartíamos el mismo amor por la música y la actuación. Dos años más tarde, el 24 de Septiembre de 2013, ambos decidimos asistir a una escuela de teatro, lastimosamente ella no pudo continuar por razones económicas, mientras que yo me mantuve fiel a cada clase hasta formar parte del elenco de una obra musical presentada en Semana Santa del 2014, le dimos vida a Jesucristo Super Star.

Luego de mi primer debut recibí comentarios tanto positivos como negativos que me alejaron de los ambientes teatrales, y me incitaron a degustar las aguas de la Comunicación Social. Mi perspectiva con esta carrera era sublime, me visualizaba como director de televisión, mientras que el teatro era sólo un pasatiempo, por nada del mundo estaba dispuesto a llevarla como carrera, pero el destino hizo una jugada que no olvidaré. Finalizando mi 5to año, en el mes de Julio del 2014, llegaron los resultados de la OPSU (Oficina de Planificación del Sector Universitario), y las tres primeras opciones de la lista giraban en torno a la televisión y medios de comunicación, inclusive me había pre inscrito en una universidad privada en caso de no verme con la suerte de contar con un cupo, pero
ocurrió todo lo contrario, si quedé seleccionado en el sistema, justamente en la cuarta opción de la lista que era Teatro, en la Universidad Nacional Experimental de las Artes en Caracas.

Fue duro asumir este reto, pero debo confesar que valió la pena. El 02 de Marzo del 2015 fue mi día 01 en la universidad, ahora en una carrera que de cuando en cuando me hacía revivir esos momentos de mi niñez en el patio trasero de mi abuela; además de brindarme un sinfín de conocimientos y habilidades que son oportunas hasta para la vida misma. Durante 5 años pude comprender que es una profesión para nada sencilla, es necesario ser valientes, audaces, deben existir esas ganas y un amor incondicional que te permita mantenerte en pie por sobre todas las cosas. 

En mi último año, en el mes de Febrero de 2020 tuve la dicha de presentar una obra que dejó una huella no sólo en mi experiencia, sino en cada uno de los espectadores que la disfrutaron, o eso es lo que nos hicieron saber al finalizar las funciones. Se trata de Historias para ser contadas del dramaturgo argentino Oswaldo Dragún, cuatro historias de la vida cotidiana en formato Clown, cargadas de temas sociales que prevalecen en nuestro contexto actual. La universidad de las artes se vistió de fiesta con este elenco colorido, y un equipo increíble de estudiantes que no descansaron hasta mostrar un trabajo de calidad profesional. 

Todo esto me hizo entender que estaba en el lugar correcto, y que cada maestro, función, compañero de escena, taller, público, festival, y hasta los casting han valido la pena, y seguirá valiéndola porque este camino no ha culminado; la lluvia de oportunidades no cesará, y sobretodo seguiré avivando esa llama que se encendió el día en que se abrió el telón cuando le dije "Sí" al Teatro, y comenzó una historia llena de relatos perfectos para contar entre amigos, porque de eso de trata ser actor, contar historias de otros como si fueran nuestras.











Esta crónica fue escrita en Agosto del 2020. Ganadora del primer lugar a Mejor Crónica en la categoría de Literatura en la 5ta edición del Festival Juvenil de Artes Escénicas Breve. Es muy significativa porque resume mi razón, mi objetivo y propósito con el teatro.

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