Me tomó de la mano aquella noche en medio de la calle,
los postes alucinaban cada vez que percibían una señal de acercamiento entre ambos,
no sé cómo pudieron soportar tanto tiempo paralizados,
sólo viendo,
sonriendo con nosotros,
en su parpadear nocturno se notaba
la ansiedad por un beso,
un abrazo,
un gesto,
refutaban internamente,
les parecía hermoso e injusto ese momento,
pero lo que no sabían era que para ambos
el tiempo se tomó un descanso,
el sol y la luna también decidieron pausar su viaje,
cada vez nuestros cuerpos se sumaban a lo que
nuestro corazón insistía,
hasta quedar juntos,
abrazados esa noche como dos amantes,
como la madre recibe a su hijo cuando regresa a casa,
como el perro corre y abraza a su dueño cada mañana,
así de mágico,
tal fue su magnitud que las luces
descendieron melancolizadas,
sonrojadas por la dulce pareja,
ambos simplemente sonreímos,
bastó que se acercara la primera persona
luego de 20 minutos en el cielo,
cuando todo volvió a la normalidad,
como si nada pasó,
ni pasará,
él se marchó,
y yo me quedé observando sus manos en la lejanía,
sintiendo ese abrazo por los siguientes amaneceres.
Jean B. Agosto del 2021

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