Desde lo más profundo de mis pupilas,
oteo hacia las tuyas,
planifico mi caída,
miro,
veo,
no paro de sumergirme,
compruebo mi gran capacidad de escucharte,
aunque no digas ni una palabra.
Prudentemente continúo mi búsqueda en tu rostro,
me desplazo,
me incorporo,
paro,
en tus increíbles y seductores labios
que son más que dos montañas sedientas,
ardiendo con grietas,
apretadas,
queriendo ser parte de un mar.
Y ahora voy a tu cuerpo
¿cuánto más puedo tardar?
si sigo minuciosa y encantada,
podrían pasar líneas,
letras,
frases,
hojas,
libros,
dibujos,
¿y si te dibujo?
Ya lo pensé,
podría ser terca al ver tu pecho
y no quedarme ahí por un tiempo,
me frenaría,
haría un mundo solo en él;
Mejor continúo escribiendo...
María Romero. Septiembre, 2017

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