Me dices que soy igual a todos,
igual a aquellos que sólo padecen de los bolsillos,
que lloran por la pérdida de una décima en su cuenta,
que sangran sus oídos al decirles la verdad,
que golpean su pecho cuando quebrantan su orgullo,
que deambulan sin ánimo por los desamores continuos.
Afirmas que sólo me basta una lata de cervezas
y unas sentaderas carnosas para morder a media noche,
que golpear me da placer e insultarte
me lleva al éxtasis puro.
No, no soy igual a ellos,
soy aquel que medita tus silencios,
que razona tus mensajes,
que endulza tus oídos con poesía de Neruda
y Benedetti los domingos,
soy ese tonto que no sabe lo que hace,
que se acompleja ante tu belleza,
que le sudan las manos cuando te toca,
que le cuesta dar un paso sin tropezar.
Pues si,
soy ese idiota que conversa con la luna,
le hablo de ti,
de las estrellas que emigraron a tu mirada,
de los tantos besos que me has dado,
que me das,
y me darás cuando cese el orgullo,
cuando el cauce del odio se duerma ante el amor,
ante las caricias de un simple mortal,
que sólo te visita porque siente
que el mañana le parece espantoso,
y su presente es similar a un campo de batalla,
la cual puede ganar si logra conquistar tus labios,
si logra huir de este infierno
y perderse en el cielo de tu corazón,
en la gloria de tus brazos.
Y justo ahí,
a pocos pasos,
me verás como un chico diferente,
y no un imbécil como todos.
Jean B. For G. Septiembre, 2020.

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