Una mariposa yace muerta,
una mirada triste se posa en el cadáver
de lo que alguna vez voló entre girasoles,
de lo que alguna vez correteo algún niño.
El viento helado tumba los
mendigantes recuerdos,
desenpolvandolos,
una lágrima cae sobre el cadáver del tiempo,
y lo abraza,
¡Ven conmigo, mariposa muerta,
y entre el polvo bailemos esta pieza!
Sacude con tus alas
los polvos de la ausencia.
Recuerda con el piano las últimas fiestas,
que la melancolía en las notas
no haga que olvides las flores hermosas
en las altas piedras,
y el arroyo pequeño que las atraviesa.
Recuerda aquél atardecer en el que por momentos,
la luna y el sol compartieron el cielo,
y tu y yo acariciamos nuestros dedos,
y como único testigo,
el viento.
Contempla el jugar de los niños,
escucha a los pájaros cantarle a los enamorados.
¿Oyes el sollozo de un corazón roto
resonar en el acantilado?
Date un paseo silencioso por el ayer,
ilumínalo por última vez
con el fuego de la vela que se extingue,
y que guardo celoso entre mis manos.
La llama que pulula evoca siluetas
de pieles entrelazadas en momentos olvidados,
que vuelven a mi mente por instantes,
y como ardientes fantasmas,
impactan y atraviesan mis sentidos.
Tu sonrisa se asoma a través
de la verja del pasado,
tus labios carmesí besan mi inocencia
y mi cuerpo desnudo y vulnerable
cubre tu salvaje y hermosa presencia.
Tus ojos brillan hoy más que nunca,
tus labios vibran y me invitan a tocarlos,
tu cabello ha crecido en apenas un instante,
atesoraré tras mis ojos estos momentos.
¿Quieres ver?
Usa mis pupilas como espejos,
como el estanque escondido
en el que Narciso vio su reflejo.
Te amaré por siempre,
triste mariposa,
ya que siempre fuiste bella y ágil.
incluso ahora,
en tu lecho,
te miro y sé que sigo enamorado.
Klaus Yanez. 2020

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